BDSM EROTIC COMIC ILLUSTRATION ARIES

 ILLUSTRATED HISTORIES

 

UN DIA EN LA PLAYA

 

Escrito por: Camilo

Ilustrado por: Aries

Copyright 2005 

Rose jugaba en la arena con sus dos niños, de dos y tres añitos; apenas había sitio en la repleta playa y en torno a ellos se habían situado un montón de hombres que no apartaban los ojos de su excitante cuerpo semidesnudo.

Su marido, Vic, se había ido al bar como siempre y ella aprovechaba su ausencia para broncearse en toples, ya que él no la dejaba hacerlo cuando estaba, decía que a su mujer no la veía desnuda ningún hombre más que él.

Se había bajado los tirantes del bañador, enrrollando la tela en torno a sus caderas, y mientras cavaba a cuatro patas en la arena, sus colgantes tetas desnudas oscilaban siendo el centro de atención, había muchas chicas en topless en la playa, pero tan atractiva como ella ninguna, al notar las miradas lascivas de los hombres que estaban en torno a ella, se movía sensualmente para incitarles, algunos intentaban ocultar sus erecciones tumbándose en la arena o tapándose con las toallas, lo que la encantó.

El bebé mayor la pidió agua con su media lengua, pero la botella que ella llevaba en su bolsa estaba vacía.

- "¿Me echa un ojo a los niños mientras que voy a por agua, por favor?". Preguntó a un vejete que sentado en una silla, junto a ella, se la comía con los ojos.

-"Yo prefiero echarla un ojo a usted ricura, pero vaya que yo los vigilaré".

-Dijo él sonriendo,  ella muy halagada por el piropo, se sacudió la arena de las manos y se limpió con la toalla los muslos y el cuerpo.

-"Se ha dejado arena aquí".

Dijo el vejete, ella retorció el cuerpo para mirar su trasero y él alargó la mano pasándola por el terso culo de Rose varias veces como si la limpiara, ella se sonrojó pero no dijo nada y se inclinó para quitarse la arena de las piernas.

-"Aquí tiene arena también".

-Volvió a decir él y acarició una de las colgantes tetas, fue una caricia suave que se convirtió en un atrevido y fuerte estrujón al globo de carne dura y turgente, ella se retiró, cogiendo el monedero y se fue deprisa hacia el bar cortando el atrevido sobo que había iniciado el vejete.

-En el camino de ida y vuelta al bar notaba las miradas ardientes de los hombres con los que se cruzaba, aquello la  excitó mucho, se imaginó tendida en la ardiente arena y a todos follándola por turnos. El viejo se había sentado junto a los niños y les hablaba, ella se sentó sobre la toalla y les dio de beber.

-"¡A tapá mamá, a tapá mama!".

-Repetía el mayor con su media lengua.

-¿Qué dices cielo?, no te entiendo".

-Preguntó ella.

-"Es que les he dicho que íbamos a jugar a enterrarla en la arena, venga Sra, túmbese aquí, vamos a tapar a mamá con arena niños".

  Dijo el viejo.

"De eso nada, se me va a ensuciar el pelo".

Repuso ella, pero la insistencia de sus hijos la venció y se tumbó sobre la arena, junto a las toallas, los nenes con sus palitas y el viejo con las manos echaban arena sobre su cuerpo, y la apelmazaban dando golpecitos, el más pequeño dio a Rose un golpe con su palita en la punta de una teta, ella lanzó un gemido de dolor.

"No, no, a mamá no se la golpea en las tetitas, yo la tapo por aquí, vosotros tapadla por ahí".

 Dijo el viejo señalando los pies de ella.

"¿Tiene mucha pupita ricura?. Ese golpe la ha debido doler".

 Preguntó cogiéndola el tieso pezón entre el pulgar y el índice y acariciándolo suavemente.

“¡Ya lo creo, me ha hecho ver las estrellas, el jodido niño!.

 El vejete apretaba ahora el pezón de rosa con demasiada fuerza,  ella hizo un gesto de dolor y gimió, y él la soltó para seguir cubriéndola con arena, pero se precisaba mucha arena para tapar unas tetas tan hermosas, las manos del viejo amasaban la carne en un continuo sobo.

 "¡Ay, cuidado! no apriete tanto, la arena rasca mucho, me irritará la piel".

Gimió ella, sentía que ardían sus pezones  por el contínuo frotar y también un ligero dolorcillo que la excitaba aun más,cerró los ojos, el viejo fue hacia la orilla con un cubo, a por agua para endurecer la arena, apenas se había alejado unos pasos cuando uno de los hombres se arrodilló junto a Rosa y continuó el juego de cubrirla con arena y palparla de paso, las duras tetas. Cuando volvió el viejo con el cubo lleno de agua y vio al otro hombre que se había adueñado de aquél cuerpazo que él había estado sobando en exclusiva, le miró airado diciendo:

“Yo estaba ahí primero”.

“El que se fue a Sevilla, perdió su silla, además hay sitio para dos”.

Y siguió con el sobo sin hacer caso, el vejete se resignó y encogiéndose de hombros se arrodilló junto a Rose, uniéndose al juego de cubrirla con arena y sobando de paso las hermosas tetas, los tiesos pezones surgían de la arena aun sin cubrir, como dos volcanes y ellos se los apretaban y pellizcaban, salpicaron las tetas de Rose con agua, el frío la hizo abrir los ojos y vio a los dos hombres con las manos sobre sus tetas, los niños la tapaban la parte inferior del cuerpo, volvió a cerrar los ojos sin decir nada y los hombres, animados por su silencio, echaron más agua sobre ella lo que hizo que los pezones crecieran aun más por efecto del frío, endureciéndose, ambos los taparon con arena que apretaron con sus manos, algunos de los  mirones se acercaron más aun para no perder detalle y como Rose parecía dormida  y se dejaba hacer, se unieron al sobo que la administraban los dos primeros, muchas manos se aplicaban ahora a la tarea de cubrir de arena el hermoso cuerpo de Rose y lo recorrían apelmazando la caliente arena y amasando de paso sus abundantes encantos, uno pasó sus manos por el vientre hasta llegar a la unión de los muslos y ahondó en la arena,  Rose notó los atrevidos dedos frotándola el pubis, luego entre sus muslos y al fin, apartando la tela del bañador entraron dentro de su conejito, durante un rato los incansables dedos entraron y salieron de su chocho cada vez más deprisa, eso y los fuertes pellizcos y tirones que torturaban sus enarenados pezones la hicieron correrse con un sonoro gemido.

Abrió los ojos, estaba rodeada de hombres, había por lo menos seis tíos sobándola descaradamente delante de todo el mundo,  los niños sentados junto a ella miraban atentos el intenso sobo que recibía su mamá, se incorporó avergonzada subiéndose el bañador, cogió al más pequeño en brazos y al otro de la mano y se alejó deprisa, sacudiéndose la arena, entró en el jardín del edificio donde tenían el apartamento y fue al apartado rincón donde tras un muro de ladrillo, estaban las duchas, se bajó el bañador hasta las caderas para que el agua la refrescara las escocidas tetas que la ardían por el intenso frotamiento a que la habían sometido los hombres de la playa, la arena la había raspado la sensible piel como si fuera lija y tenía ambas tetas de un color sonsosado, pero sobre todo, los tiesos pezones se habían hinchado y enrojecido como no lo habían estado nunca, los acarició suavemente con la yema de los dedos, estaban muy calientes, los apretó ligeramente y la dolió como si la clavaran alfileres, puso las tetas bajo el chorro de la ducha, el agua fría la calmó un poco al principio, pero luego el frío hizo que los pezones volvieran a endurecerse y a dolerla, no podía hacer más para aliviar las molestias y siguió lavando a los nenes.

 "¡Sra, se ha dejado esto en la playa!".

 Dijo una voz tras ella, el viejo estaba frente a ella, la había seguido llevando la bolsa que ella se había dejado en la playa en su apresurada huída,

"Gracias, sujétela un momento mientras ducho a mis niños".

Dijo Rose,  el viejo la estaba mirando embelesado y sonriente las desnudas y firmes tetas ahora limpias de la arena,  ella no hizo nada por cubrirse, ya la había visto las tetas desnudas antes y además, el hecho de incitar a aquél viejo verde la ponía cachonda y dijo sonriendo.

 "Llévese a los niños mientras acabo de ducharme por favor".

 

To be continued...